No recordamos esa cita tan importante que teníamos, nos dejamos el teléfono celular en casa, nos cuesta evocar los nombres de las personas.

¿Y esa mañana en la que dejamos las llaves colocadas en la cerradura o cuando no encontramos dónde habíamos estacionado el auto?
Algo de esto nos ha ocurrido a todos alguna vez, ¿pero son indicadores de un deterioro cognitivo?

Muchos se preguntan si este tipo de eventos son normales o si indican el comienzo de una demencia, y si  se puede hacer algo para prevenirlos.

El paso de los años y la edad se acompañan de necesitar mayor esfuerzo para recordar, más tendencia a las distracciones y dificultades en la realización de varias actividades al mismo tiempo –el consabido multitasking-.

Pero esto no tiene que ser un indicativo de que en el futuro puedan desarrollarse enfermedades neurológicas, como la demencia.

Hay que diferenciar estas situaciones de la pérdida de memoria severa, la confusión y otros cambios mayores de nuestras funciones superiores que no son una forma normal del envejecimiento.

Ante todo hay que entender que es tan importante memorizar como olvidar.

No tendría sentido recordar todo. Sería costoso e inútil para la información sin importancia. A “Funes el Memorioso” en la ficción de Borges le lleva 24hs relatar sus últimas 24hs.

En Funes el memorioso, publicado en 1944, Borges relata la historia de Ireneo Funes, un gaucho del Uruguay que había quedado tullido luego de un accidente con un caballo. Funes consideraba benéfico el golpe porque le permitía recordar todo.

Borges se había percatado de que una memoria infinita trae problemas. Funes no era muy capaz de pensar porque pensar es olvidar diferencias, es generalizar, y abstraer.

El cerebro graba lo que considera importante, e invierte energía en borrar lo inútil. Entonces más allá de que debamos cuidar nuestra memoria tenemos que saber que olvidar también es hasta cierto punto normal.

Recordamos lo verdaderamente importante, lo que es capaz de emocionarnos, porque activa en nosotros las regiones cerebrales y las hormonas que ayudarán a guardar ese recuerdo.

Es normal olvidarse de nombres o citas de vez en cuando pero no es normal tener dificultades para desempeñar tareas habituales y rutinarias.
Es normal esporádicamente olvidarse de lo que uno iba a decir, pero no es normal tener problemas de lenguaje. Una persona con demencia olvida palabras simples o sustituye palabras al hablar o escribir. Es posible que no encuentre sus zapatos y diga que busca “lo que usa para caminar”.

Es normal a veces tener dificultad en encontrar la palabra correcta. No es normal la desorientación de tiempo y lugar. Una persona con demencia puede perderse en la misma calle donde vive y no recuerda como volver a casa.

El olvido tiene muchas causas, no siempre patológicas, y olvidar no siempre es malo.
Incluso cuando somos jóvenes y estamos sanos, es mucho más lo que olvidamos que lo que recordamos, aunque no podamos apreciarlo.
El cerebro posee mecanismos que actúan como un freno para impedir que la memoria se cargue de información irrelevante. Estos mecanismos se basan en proteínas –enzimas fosfatasas– que dificultan la formación o el fortalecimiento de las conexiones neuronales que constituyen el soporte físico de la memoria.

El olvido es criticado y mal visto en muchos aspectos. Siempre preferimos recordar, y podemos ayudar a mantener la evocación normal de lo que no debemos olvidar mediante variada actividad social, física e intelectual, dieta adecuada y suplementos dietarios.

Sin embargo, olvidar es parte de un mecanismo esencial de nuestro aprendizaje sin el cual estaríamos totalmente incapacitados.

Dr. Alejandro G. Andersson

Médico Neurólogo MN: 65.836

                   

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