Dormir es una «actividad» tan necesaria como placentera y la idea de que algo malo pueda ocurrir en ese proceso es abrumadora, pero no sólo hablamos de eventos externos, ya que existe un trastorno respiratorio específico que puede ocasionar la muerte si no se trata de forma adecuada: la apnea del sueño, una condición en la que la respiración se interrumpe por lapsos mientras dormimos.

Para entender mejor la apnea, debemos recordar que al dormir, pasamos por 5 etapas: entre la primera y la segunda se desarrolla el sueño ligero, aquí aún se puede despertar con facilidad y detectar algunos sonidos. Entre la tercera y cuarta etapa se entra en letargo y la respiración comienza a relajarse, aquí podrían presentarse los primeros signos de una respiración irregular. Finalmente, en la quinta etapa, se producen los sueños y los músculos están totalmente relajados, por lo que aquí tienden a ocurrir apneas más largas. De manera usual, los tipos de apneas se clasifican dependiendo de la duración de los lapsos sin respiración, a su vez, se clasifica según la causa directa de la deficiencia entre el sistema respiratorio o neurológico.
La apnea más común es la obstructiva, que ocurre cuando existe un impedimento para que el aire pase de forma adecuada en las vías respiratorias. Generalmente esto se debe a inflamaciones en los tejidos blandos de la garganta, lo que produce ronquidos sonoros. Cabe resaltar que no todos los ronquidos son síntoma de trastornos del sueño.

De acuerdo con el Instituto Nacional de Desórdenes Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares (NIH, por sus siglas en inglés), detectar apnea del sueño es muy difícil, en la mayor parte de los casos, se descubre gracias a una persona externa al paciente, es decir, una persona que duerme con él. Sólo un tercero podrá tener certeza de las irregularidades en el sueño de su compañero, probablemente se de cuenta por ronquidos exagerados y por la ausencia del proceso respiratorio. Por sí solos, los pacientes deben acudir con un especialista si se sienten excesivamente somnolientos durante el día, o si presentan resequedad e irritaciones frecuentes en nariz o garganta.

Más allá de poder ocasionar la muerte por un paro respiratorio, la apnea puede tener consecuencias secundarias: al no dormir adecuadamente, los pacientes son más propensos a sufrir accidentes de tránsito, descompensación, estrés, etc.
Como Arath menciona, el tratamiento más adecuado de la apnea suele ser la máquina conocida como CPAP. El dispositivo suele estar conformado por una mascarilla, tubos y un ventilador que fuerza el aire hacia la garganta y propicia que se continúe con la respiración.

A pesar de lo anterior, el tratamiento dependerá del historial médico del paciente, y en algunos casos, la cirugía puede llegar a ser necesaria.
Los hombres son más susceptibles a padecer apnea del sueño, además de personas con sobrepeso o niños con historial de amígdalas hinchadas. Conviene hacerse un chequeo regular con algún especialista al menos una vez al año.

fuente: vix

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