Las enfermedades de las articulaciones han afectado al ser humano desde la antigüedad. Se cree que la primera referencia histórica sobre una condición similar a la artritis reumatoidea aparece en un papiro, alrededor del 1500 a.C. Sin embargo, fue el galeno Archibald Garrod quien le dio nombre y la diferenció de otros reumatismos a fines del siglo XIX.

En cuanto a los tratamientos de la enfermedad, antes del siglo XIX, se basaban en remedios naturales, como el uso de sanguijuelas, acupuntura, calor y derivados de las plantas. Más tarde, llegarían la aspirina, los antiinflamatorios y los esteroides. Pero recién a partir de 1930 comenzaron a desarrollarse los fármacos que modifican el curso de la enfermedad y que pueden detener su curso progresivo: los FAME (Fármacos Antirreumáticos Modificadores de la Enfermedad).

En la actualidad, los tratamientos contra la artritis reumatoidea incluyen el uso simultáneo de fármacos dirigidos al control de los síntomas a corto plazo (que tienen un rápido efecto pero no evitan la progresión del daño estructural) y de FAMEs. Estos últimos no solo permiten controlar la enfermedad, sino que también previenen las deformidades que incapacitan al paciente y alteran su estilo de vida.

Existen 2 clases de FAMEs. Los FAMEs convencionales, medicamentos de síntesis química, en general de acción lenta. Y los biológicos: cuyo desarrollo ha revolucionado el mundo de la farmacia. Se trata de anticuerpos o proteínas que interfieren con la acción de ciertas citoquinas. La primera de ellas fue un factor químico denominado Factor de Necrosis Tumoral (FNT) a su vez estas proteínas preservan las funciones inmunológicas. En los últimos años apareció una nueva categoría de fármacos llamados “productos sintéticos dirigidos”.

La revolución de los Biológicos

La eficacia de los anticuerpos anti-FNT en el tratamiento de pacientes con artritis reumatoidea fue descubierta en 1993.

El fármaco biológico precursor para el tratamiento de la AR es Etanercept. Este fármaco fue aprobado para su uso en Argentina en 1999. Hasta la fecha su eficacia ha sido respaldada por múltiples estudios y decenas de miles de casos a lo largo de los años. Está indicado para tratar casos moderados a graves en los que el uso de FAMEs no biológicos han fracasado, así como también para el tratamiento de la artritis idiopática juvenil (AIJ), la Espondiloartritis axial no radiológica, la espondilitis anquilosante , la psoriasis y la artritis psoriásica (APS).

En los últimos años, la importancia de comenzar rápidamente un tratamiento con un FAME de esta clase ha quedado demostrada una y otra vez, ya que no solo puede detener la evolución de los síntomas de la artritis reumatoidea, sino que mejora notablemente la calidad de vida de los pacientes.

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Bibliografía:
  1. Kelley WN, Harris ED Jr, Ruddy S, et al: Textbook of Rheumatology. Philadelphia, WB Saunders, 1989.
  2. McCarty DJ: Arthritis and Allied Conditions. A textbook of Rheumatology. Philadelphia, Lea &Ferbirger, 1985.
  3. Actualización de las guías de práctica clínica en el tratamiento de la artritis reumatoidea- Sociedad Argentina de Reumatología- 2013
  4. https://www.mayoclinic.org/es-es/diseases-conditions/rheumatoid-arthritis/symptoms-causes/syc-20353648
  5. Reumatología- Dr Maldonado Coco J.- DrCitera G.- 2013- Editorial Azzuras
                   

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